Viaje Gastronómico | Puntuación 10
Uno de los restaurantes que más nos apetecía visitar era El Celler de Can Roca, pero reservar mesa en él es una misión bastante difícil, así que el año pasado me propuse intentar durante todo el año conseguir una reserva para cuatro personas, empecé a probarlo en Diciembre 2024, por cierto las reservas se abren a las 00:00 horas de cada final de mes.

Lo intenté cada final de mes, pero en segundos se llenaban la reservas, no se si hay «bots» que lo acaparan todo o que pasa pero en milésimas de segundo estaba todo reservado.

Fueron pasando los meses hasta que finalmente en Junio 2025 conseguí una reserva, para un jueves de Junio de 2026, solo faltaba un año para poder degustar los ansiados platos.
El Celler de Can Roca: una historia familiar que conquistó la alta cocina
La historia de El Celler de Can Roca comienza mucho antes de que el restaurante alcanzara fama internacional, sus raíces están en Taialà, un barrio de Girona donde Josep Roca y Montserrat Fontané abrieron en 1967 Can Roca, un sencillo bar-restaurante familiar donde crecieron sus tres hijos, Joan, Josep y Jordi, siempre rodeados de los aromas de la cocina de su madre y de su abuela Angeleta, una influencia que marcaría para siempre su manera de entender la gastronomía.
En los años ochenta, Joan y Josep Roca estudiaron en la Escola d’Hostaleria de Girona, comenzando a desarrollar una visión de la cocina diferente de la que se practicaba en el negocio familiar.
En agosto de 1986, con 22 y 20 años respectivamente, abrieron El Celler de Can Roca en un pequeño local situado junto al restaurante de sus padres, ocupándose Joan de la cocina y Josep de la sala.
Desde sus inicios, buscaron combinar las raíces de la cocina catalana con nuevas técnicas y una mirada creativa, creando uno de sus primeros platos, una merluza con vinagreta de ajo y romero, poco después aparecieron creaciones como el muslito de pollo con gambas, un ejemplo de la tradición del mar y montaña reinterpretada desde la cocina contemporánea.
Durante los años noventa, El Celler fue consolidando su personalidad. Joan profundizó en técnicas como la cocción a baja temperatura y al vacío, mientras Josep desarrollaba una particular manera de entender la sala y la sumillería, recibiendo en 1995 su primera estrella Michelin, la primera concedida por la guía a un restaurante de la ciudad de Girona.
El tercer hermano, Jordi Roca, terminó incorporándose en 1999 al proyecto y asumió progresivamente la responsabilidad de la cocina dulce, completándose el particular reparto de funciones que acabaría caracterizando al restaurante, con Joan al frente de la cocina, Josep en el mundo de los vinos y la sala, y Jordi convertido en uno de los grandes referentes de la pastelería de vanguardia.
En 2007, El Celler de Can Roca abandonó su pequeño local original y se trasladó a Can Sunyer, su ubicación actual en Girona. Dos años después llegó uno de los grandes hitos de su trayectoria: el 25 de noviembre de 2009, los tres hermanos celebraron la obtención de la tercera estrella Michelin.
A partir de entonces, El Celler de Can Roca se convirtió en uno de los restaurantes catalanes con mayor proyección internacional, manteniendo siempre el vínculo con la familia, la memoria culinaria, el territorio y la hospitalidad.
Por fin llegó el día, tras un año de espera, de poder degustar los platos de los hermanos Roca, puse la dirección en el GPS, llegando sin problemas al aparcamiento del restaurante.
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